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Troya y el conflicto eterno

Por: RUBÉN AGUAYO
Foto destacada: Murallas de Troya, recreadas en Troy Total War

Heme aquí apostado con mis huestes ante las murallas de la magnífica y virtual ciudad de Troya, recreada en un conocido juego de estrategia. Yo no cuento ni con la astucia de Ulises ni con su mítico caballo de madera. Solo puedo recurrir a una divinidad como Poseidón para que derribe los muros que el mismo levantó. Con un poco de paciencia, un terremoto asolará Troya derribando sus defensas y podré tomar la ciudad a placer.

Fue fácil convencerlo, el dios del mar le tiene una tirria enorme a los troyanos desde que tuvo que satisfacer los caprichos de Laomedonte, un antiguo rey de Troya. Debido a una serie de disputas con Zeus, el único dios que come con tenedor y su sobrino Apolo recibieron como castigo el encargo de construir una muralla inexpugnable. A Poseidón no le hizo mucha gracia, pero accedió a cambio de una serie de recompensas y sacrificios en su honor. Una vez terminada la muralla, Laomedonte pasó del tema y no cumplió su promesa. Es comprensible que Poseidón se pillara un rebote de narices.

La historia sigue con el dios hostigando las costas troyanas durante años con un monstruo marino y continúa con la archiconocida Guerra de Troya, donde Poseidón toma parte a favor del bando griego, ganador final de la contienda.

Eso es lo que nos cuenta el mito, una tensa relación entre Troya y Poseidón que era inevitable desde el punto de vista geológico. Sí, has leído bien, la culpa de este conflicto divino-mortal lo tiene la Geología. Poseidón, a parte ser de el dios del mar para la cultura helena, también era el dios de los terremotos. Y vamos a llegar hasta el fondo (abisal) de la cuestión.

Los terremotos no ocurren al azar, se encuentran por norma general concentrados en zonas muy concretas de nuestro planeta. En los límites entre placas tectónicas, donde se empujan las unas a las otras, se acumulan esfuerzos y tensiones que periódicamente se liberan mediante fracturas en la corteza terrestres, conocidas como fallas. Cuando esto ocurre, tenemos un terremoto.

En la pequeña región que comprende la península griega y la actual Turquía, no es que haya un límite entre dos placas, ¡sino que confluyen 5 placas! A saber: Eurasia, África, Arabia, y las microplacas de Anatolia y la del mar Egeo. Cada una de ellas se desplaza hacia una dirección diferente. Como el movimiento es relativo dependiendo de con respecto a qué se compare, se suele coger una de las placas y se “fija” para medir el desplazamiento de las demás respecto a esta. Si usamos Eurasia como referencia, África y Arabia se mueven hacia el norte, Anatolia hacia el oeste y la placa egea se dirige hacia el suroeste. Con semejante macedonia de placas, es lógico que los antiguos griegos necesitaran un dios de los terremotos. Además, tenía sentido asociarlo al dios del mar porque muchos de estos seísmos tendrían lugar bajo el líquido elemento.

Volviendo al mundo analógico, la ciudad histórica de Troya se ubicaba en medio de semejante berenjenal tectónico, cerca del estrecho que da acceso al mar de Mármara, que su a vez abre paso hasta el Mar Negro. Cerca se encuentra la Zona de Falla del Norte de Anatolia (NAFZ) que transcurre con dirección este-oeste durante unos 1400 km de forma paralela a la costa del Mar Negro. Para hacernos una idea mejor de dónde está, se encuentra tan solo a unos 20 km al sur de la actual ciudad de Estambul.

Mapa de la región oriental del Mediterráneo, las flechas indican los vectores de movimiento de las placas tectónicas.
Rubén Aguayo.

Hablamos de “zonas” y no de una única falla porque lo habitual es encontrar sistemas de fallas asociados a una principal o que derivan de esta. La falla principal de la NAFZ es de tipo salto en dirección o de desgarre, es decir, que un bloque se mueve hacia la derecha y el otro hacia la izquierda. Esta zona de falla actúa como límite de placas. Al sur de la misma te encuentras en la placa de Anatolia y al norte en Eurasia, y por si fuera poco en su límite oeste, en el punto donde se junta con la Zona de Falla del Este de Anatolia (EAFZ) se conoce como el Punto Triple de Karliova, un lugar donde confluyen a la vez 3 placas tectónicas (Anatolia, Eurasia y Arabia).

Durante los últimos 100 años, la NAFZ ha generado una docena de terremotos de gran magnitud (en torno a 7), como el de Erzincan en 1939 (7,8) o los más recientes de Izmit (7,6) y Duzce (7,2) ambos en 1999, con tan solo unos meses de diferencia y apenas 100 km de distancia entre sus epicentros.

Estos terremotos han sido medidos de forma instrumental por sismómetros, que fueron desarrollados durante el siglo XX. Para estudiar terremotos anteriores, la paleosismología se vale tanto de registros históricos, como de estudios geológicos y evidencias arqueológicas para deducir el momento en el que tuvo lugar el terremoto, su magnitud, su recurrencia y sus efectos en la población. Para la NAFZ se han estimado recurrencias de unos 200-300 años, dónde la actividad es mayor.

Esta actividad sísmica queda reflejada, por supuesto en la ciudad de Troya, la Arqueología nos revela varios episodios de destrucción y reconstrucción de la ciudad asociados a terremotos a lo largo de casi 3000 años de historia. Incluso se han encontrado estructuras geológicas asociadas a procesos de licuefacción de seísmos históricos en zonas cercanas a la ciudad (el suelo deja de comportarse como un sólido y lo hace como un líquido).

Con lo descrito en estos párrafos, tenemos un ejemplo más de que muchos mitos y leyendas se basan en hechos reales, y de paso he demostrado que Poseidón y Troya estaban destinados a estar a la gresca, dominados por un ente superior incluso a los dioses del Olimpo… la tectónica de placas.

Y yo me vuelvo a mi videojuego, que Troya no se va a tomar sola.

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